Envigado durante la dominación española

Para entender el desarrollo de Envigado durante la corona española se ha establecido una convención cronológica entre los historiadores,  entre la etapa rural, mucho más antigua y primera con la apertura de caminos y tierras y la urbana, con la creación de la plaza, las manzanas y las primeras calles. La primera comprende entre  1600 y 1770, y la segunda, desde este año hasta el presente.

El 2 de marzo de 1616, el visitador Francisco Herrera Campuzano,  recibió la orden de la audiencia de Santa Fe de Bogotá,  de reunir a los indigenas en algunos resguardos, por ello, funda el pueblo de indios San Lorenzo de Aburrá, (actual parque del Barrio El Poblado), primer resguardo indígena del Valle de Aburrá, y en el que se agrupaban las etnias Aburráes, Yamesíes, Ebéjicos, Peques y Noriscos. Luego en 1649, por despoblamiento de San Lorenzo, el primer cura párroco don Juan Gómez de Ureña, con autorización del visitador del obispado, don Pedro de Herrera y Gaitán, se hace el traslado de la Parroquia al sitio de la quebrada de Aná, donde se habían asentado diferentes grupos de mestizos y blancos.

La ocupación del Valle del Aburrá comienza con la encomienda del conquistador Gaspar de Rodas, en 1574, obtiene del cabildo de Santa Fe de Antioquia, tres leguas de tierra para fundar hatos y estancias de comidas, y en 1579 había obtenido una capitulación con la corona, para la “gobernación, población y reedificación de las provincias de Antioquia, Ituango, Nive y Bredunco y otras de entre los dos ríos” (Magdalena y Cauca). Rodas estuvo facultado para repartir tierras, solares, estancias y huertas entre las personas que contribuyeron con él, en el descubrimiento y población del territorio. (Ver: Alvarez, Victor Poblamiento y población en el Valle de Aburrá y medellín, 1541-1951. En Historia de Medellín, tomo I, p. 58-59)

Después de la muerte de rodas en 1607, sus tierras y hatos ganaderos fueron heredados por sus hijos Alonso y Ana María. el marido de ésta, Bartolomé Suárez de Alarcón, heredó la gobernación y consolidó el hato. En 1610 se rematan las tierras y entra a ocupar y trabajar las tierras otros habitantes blancos.

Hacia 1616 el visitador Francisco de Herrera Campuzano forma el poblado y resguardo de San Lorenzo de Aburrá, con 80 indios de diferentes etnias: yamesíes, béjicos, noriscos, maníes, aburraes. El resguardo abarcaba toda la parte central del valle, en ambos lados del río Aburrá, la parte sur del Ancón (la estrella): Y de allí todo el camino que adelante que va al Ancón de los Yamecíes hasta llegar a la quebrada que llaman de La Sal que baja del dicho Ancón…y de allí en volviendo por las cabeceras del dicho valle y lomas y cumbres altas  (sabaneta, envigado, poblado) hasta caer otra vez al primer lindero de la dicha quebrada de Aguasal (Santa Elena) hasta donde se juntan con el dicho río de Aburrá”. (Archivo Histórico de Antioquia, tomo 75, documento 2091)

Los territorios de Envigado estuvieron deshabitados y solo se inicia su lenta ocupación cuando el mismo Campuzano adjudicó los terrenos de Envigado, el Ancón de los Yamesíes e Itagüí a Doña María de Quezada, viuda del capitán Juan Dazza. Es decir, que los actuales municipios de Envigado, Itagüí y la estrella, lo conformaban un mismo territorio o tierras con un único dueño. Fueron apareciendo más pobladores y colonos cuando se dio a la venta diferentes lotes. Españoles, blancos criollos con algún caudal, herederos de familia, en compañía de sus esclavos y una gama de mestizos, negros libertos, mulatos, se fueron ubicando en la zona.En los mismos años se repartieron nuevas propiedades.

Esta expansión de la ocupación de las tierras del Valle con la formación de haciendas y hatos ganaderos se basaba en que sus productos encontraban venta en los distritos mineros de Antioquia, Cáceres y Zaragoza. Y eso ocurrió a pesar de la crisis minera de 1630, pues llevó a muchos propietarios de minas y de esclavos a diversificar sus inversiones para producir ganado, caña, maíz y productos agrícolas. Para 1650, el descubrimiento de oro en Los Osos (Santa Rosa de Osos) y Guarne, revitalizó la economía del valle de Aburrá, para el abastecimiento de productos hacia esas zonas nuevas de explotación.

Entre 1680 y 1700, se habían asentado varias familias como los Vélez, los Benítez, los Sotos, los Isazas, los Restrepos, los Fernandez, entre otros, quienes conformarían las primeras generaciones de pobladores de toda la zona sur del Valle del Aburrá.   Las primeras unidades de producción agraria son haciendas que incorporaban todas las actividades propias, con establos, pesebreras, sementeras o parcelas con cultivos de pan coger, casa de molienda y alojamiento de los esclavos. Un ejemplo típico es la Casa de la Cultura, “Miguel Uribe Restrepo” que conserva su estructura y disposición espacial de la tradicional casa de hacienda española.

El censo de 1675 o padrón de los habitantes de la jurisdicción de la Villa de la Candelaria, se realizó por cédula real de la Reina Ana de Austria, para creación el 2 de noviembre de 1675  y muestra los principales familias y pobladores con el número aproximado de personas, entre hijos, agregados y esclavos. Entre las poblaciones censadas se encontraba los territorios de Envigado, Ancón e Itagui. La jurisdicción eclesiástica y el gobierno sobre ellos, se ejercía desde la Villa de la Candelaria.

Las gestiones para obtener el título de Villa para la ciudad de Medellín se habían hecho durante la gobernación de don Francisco Montoya y Salazar, pero fue en la administración del nuevo,  don  Miguel de Aguinaga, quien le correspondió recibirla.

Siguiendo con el Envigado rural, encontramos que su desarrollo continua con las haciendas y de una de ellas, en el sector de San Rafael, dirigida por la familia De la Calle y su principal cabeza, Don Francisco, construyen una capilla en su hacienda en 1750, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores. Previamente habían obtenido autorización eclesiástica y justificado con el número de personas (cuatrocientos habitantes) y el difícil traslado hasta la Villa de la Candelaria para los oficios religiosos.

Desde 1772, se inicia el proceso de erección de la parroquia en el parque principal con la gestión de las principales familias de la clase alta como los hacendados blancos para obtener los permisos eclesiásticos de Popayán, capital de la Diócesis y jurisdicción a que pertenecía la villa de la Candelaria de Medellín y por ende el territorio de Envigado.

El cura vicario de la villa Juan Salvador de Villa y Castañeda hizo la solicitud ante el obispo de Popayán, Jeronimo Antonio Obregon y Mena, en 1772, para erigir dos parroquias nuevas por incremento de los pobladores y dificultades para administrar los servicios espirituales: el sitio de Envigado y el de Hato Viejo (Bello). En ese mismo año, y como parte del proceso,  se levantó el expediente eclesiástico para corroborar las condiciones de erección. Se comisionó a José Jerónimo de la Calle, miembro principal de la élite local, para que reuniera la información necesaria, y es así como se levanta un censo en Envigado, dando como resultado 2.163 personas y el testimonio de varios de los representantes de la sociedad rural envigadeña, quienes declararon las condiciones del sitio y las posibles rentas y recursos para el sostenimiento de la nueva parroquia. Entre ellos, tenemos a Don Vicente Restrepo, cabeza del tronco familiar, del cual desciende José Felix y Cristobal, el primer sacerdote de la parroquia. Otros testimonios fueron: José Palacio Estrada, Antonio Arango y José Antonio Isasi Atuesta. Este donaría las tierras donde se levantaría a partir de 1776, la plaza, calles y manzanas del casco urbano de la ciudad.

Luego de estudiar el proceso eclesiástico, El 13 de julio de 1773, el obispo de Popayán  decretó la erección de la nueva parroquia, ratificado por el gobernador de la provincia Juan Jerónimo de Encizo, en septiembre del mismo año. Sin embargo la capilla construida en el sector de San Rafael continuó prestando sus servicios hasta tanto no se construyera la nueva iglesia en los terrenos donados por Isaci Atuesta, para iniciar el nuevo poblado urbano. Es allí en San Rafael, donde comienza a ejercer su ministerio el padre Cristóbal José Restrepo Vélez, desde diciembre de 1775.

Etapa urbana, la demarcación.

A iniciativa del cura vicario de Medellín, Salvador de Villa y Castañeda, se debe la gestión para establecer la nueva parroquia en el territorio de Envigado, mantuvo correspondencia con el gobernador Francisco Silvestre y motivó a este para evaluar el mejor sitio. La antigua capilla dentro de la hacienda de la familia La Calle, resultaba insuficiente para el crecimiento de la comunidad.  Era indispensable que la nueva iglesia impulsara la creación de un nuevo centro urbano.

Sin embargo, entre los principales troncos familiares y dominantes de la región, los Restrepo, encabezados por Don Vicente Restrepo  y los De la Calle, por Francisco de la Calle, se presentaron diferencias en la elección del lugar. Los De la Calle deseaban que se levantara el nuevo centro urbano en el sector del Barrio El Dorado, una pequeña planicie más hacia el sur, zona de mayor desarrollo económico y centro del mundo social de la familia; mientras que los Restrepo, querían que se ubicara en la meseta más cercana al camino real y a salvo de las inundaciones del río Aburrá.

Ambas familias tuvieron que esperar a que el gobernador de la provincia de Antioquia Francisco Silvestre, hombre ecuánime, buen administrador y visionario, realizara una inspección de los lugares propuestos para decidir el punto más acorde, como así lo hizo mediante autos el 11 de abril de 1776. La comitiva que acompañó al gobernador estaba compuesta por el cura vicario de la Villa Salvador de Castañeda, los vecinos de Envigado, los alcaldes ordinarios del cabildo de Medellín, el alférez real, el procurador y el escribano Juan Joseph Lotero.

Dice así el auto del gobernador: “practicado personalmente la diligencia de reconocer el terreno donde sería más a propósito para que se lograsen los fines de la división y nueva creación del curato del Envigado e Itagüí, con el titulo y bajo el auspicio de Santa Gertrudis la Magna, su patrona, erigir y construir la iglesia, resolví después de considerarlo y meditado la que me pareció más conveniente que esta se levantase en el llano que comprende, el mencionado sitio de envigado, que parece ser tierras propias de Don José Antonio Isasi…fabricada que fuese dicha iglesia, que muchos o la mayor parte de feligreses de aquel beneficio fuesen haciendo y levantando sus casas junto a ella para tener donde aposentarse a lo menos cuando concurriesen a misa…se trató de señalar ocho cuadras medidas con alguna diferencia  y solicitando lo más igual del terraje hacia el bordo de dicho llano, que mira hacia el río de esta villa, las que les ofreció sin embargo del perjuicio que se le seguía Don José Antonio Isasi franca y generosamente, para que en ella fuesen dividiéndose solares, los cuales se hallaba pronto a vender a precios justos y regulares a los particulares que se los quisieren comprar para avecindarse, a excepción de media cuadra que graciosamente daría para la fábrica de la iglesia y sacristía, y para que hiciera su casa el cura presente Doctor Don Cristóbal de Restrepo y Vélez, y una cuadra entera para plaza pública, a cuya oferta se aceptó dando las gracias.” (Archivo Histórico de Medellín, 1776, creación del curato de Envigado)

En 1785, el visitador Mon y Velarde comentaba sus apreciaciones sobre la población: “Santa Gertrudis del Envigado, que se halla como a trece leguas de su cabecera, es una población numerosa; y aunque dispersa como las demás, se hallan bastantes familias colocadas en el mismo sitio; su situación es llana, temperamento templado, clima sano y su terreno fértil y abundante para todo género de frutos; y así se ve más cultivado que ninguna otra parte de la provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar, por lo que se han retirado al sitio de Amagá más de cuarenta familias para hacer allí una nueva población, lo que se les ha permitido por considerarlo muy importante al servicio de ambas majestades y alivio de aquellos infelices vasallos”. ( sucinta relación de lo ejecutado en la visita de Antioquia por el oidor Juan Antonio Mon y Velarde. Tomado del libro Biografía de Mon y Velarde, de Emilio Robledo)